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El chocolate, manjar de los dioses.

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Aztecas haciendo chocolate. Aztecas haciendo chocolate.

Por su sabor, el chocolate fue uno de los tesoros más significativos para nuestros ancestros.

 Hernán Cortés, que conoció tal bebida y supo de su poder fortaleciente, apreció el xocoatl azteca como un aliado militar, estimado según escribió al emperador Carlos V, que bastaba una taza de esa bebida indígena para sostener las fuerzas de un soldado durante todo un día de marcha. Por ello los españoles remitieron a su patria el cacao mexicano desde principios del siglo XVI, en que llegaron a México, por considerarlo un preciado don. Cortés le envió al emperador Carlos V en 1528, ya en gran cantidad, y se empezó a usar como bebida medicinal, fortificante, sólo por los nobles de la corte, ya que era escaso y caro.

 

Por considerarse que alentaba demasiado las fuerzas dela vida, el clero católico le opuso particular resistencia; por tanto se aficionó la gente noble a tomar esa bebida ala que agregaron azúcar y algún otro sabor, como el de la canela, que el uso del chocolate se popularizó bien pronto. De España pasó a Francia el cacao, como obsequio al rey, y de allí a la corte austriaca, donde la emperatriz María Teresa puso de moda el chocolate. Sin embargo, durante mucho tiempo el mundo no podía comprar fácilmente el cacao mexicano, debido a que España prohibió su exportación; hasta que en 1728 el rey Felipe V vendió a una compañía extranjera el derecho de traficar con el producto, siendo entonces cuando el cacao se difundió rápidamente por todos los países europeos.

En cuanto a la aclimatación de la planta de cacao, se logró fuera de México primero en las Filipinas, después en las Antillas, luego en Sudamérica y en las islas de la Sonda, y posteriormente pasó a los países africanos. En las Filipinas se introdujo en 1670, cuando el piloto Pedro Bravo consiguió unas semillas en Acapulco y las dio a un hermano suyo a quien se las robó un indio en Lima, que fue a radicar a Manila, y las escondió, las sembró y las cultivó con esmero, procediendo de esas primeras plantas la riqueza cacaotera de Filipinas. Sin embargo, todavía hasta el año 1900 la mayor parte del cacao que llegaba de Europa procedía de México, Centro y Sudamérica; pero ya antes de la Primera Guerra Mundial, el país que surtía al mundo en mayor escala era Brasil.

Terminada esa guerra, Sudamérica vio alzarse ante ella a un gran competidor: África, pues españoles y portugueses venían cultivando cacao desde hacía casi un siglo en las islas de Santo Tomás y Fernando Poo, extendiéndose más tarde su cultivo a las riberas de los ricos de Guinea. En los últimos decenios del siglo pasado, algunos misioneros empezaron a plantar el cacao en la colonia británica de la Costa de Oro; en Nigeria se desarrolló también rápidamente, aunque a un ritmo menos acelerado. En el Camerún, los misioneros organizaron también las primeras plantaciones; y en la actualidad, los países que más cacao producen en el mundo son: Brasil, la República Dominicana, Venezuela y México.

 

El cacao y el chocolate son plata y bebida de origen maya, aunque sus nombres indígenas: cacahual y xocoatl son del náhuatl. A causa de su contacto con los mayas, los aztecas o mexicanos adoptaron el cacao como alimento y moneda. La palabra maya con que se designaba al grano fue la de “cacau”, derivada de la voz más antigua “chacahuaa”; en el actual maya se dice “chucua”. En tupi, lengua de los indios de la Guayana, se dice “cacau”; los amaguas tribu india de Colombia y Venezuela, le llaman “acao” y “coaca”, los canamaris, indios del departamento de Loreto, del Perú.

DÁDIVAS DE MÉXICO AL MUNDO, Aportaciones a la Cultura Universal,
por Heriberto García Rivas (ex Catedrático de Historia, Geografía y Literatura).
Ediciones especiales de Excelsior, Cía. Editorial, S.C.L
México DF,
1965.

 

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